Feliciano Mejía – Liceo Poético de Benidorm (Lima, Perú) 2015

ORGANIZER: Feliciano Mejía – Liceo Poético de Benidorm (Lima, Perú)

CONTACT: feliciano.mejia@gmail.com

 

lima, peru

POESÍA POR EL CAMBIO, LA PAZ Y LA SOSTENIBILIDAD

(A Propósito de la convocatoria del WPM, el Movimiento 100 Mil Poetas por el Cambio y el Liceo Poético de Benidorm)

Por Fernando Cassamar

Hay un poema que aún no ha sido escrito pero que es necesario escribir. Este versa sobre la unidad, sobre el cambio, pero sobre todo sobre la libertad. La labor del trabajador del arte va en este sentido.

Albergando siempre esa necesidad de transformar el entorno y hacerlo más tolerable, ante el colapso, ante la perversión de todo lo social, que al podrirse empieza a emanar su repugnancia, insania y perversión hacia el mundo, hacia el espacio de nos-otros, los otros, los condenados de la tierra (Franz Fanon), los olvidados (Luis Buñuel), los que siempre pierden, pero que no obstante no claudican. No claudican en un contexto negativo en el que la libertad se escucha solo como condena, como soledad, como el “recurso de la selva”, del apestado o del que únicamente puede estar acompañado por alguien, solo el instante anterior a ser asesinado.

Y es en este punto en el que tampoco la poesía es inocente.

Por lo que, en algunos casos, la poesía empieza a tomar partido por la libertad, y empieza a hacerse carne. Algunas veces inclinándose solo por la belleza, y otras por el pan, pero por un pan que representará también esa posibilidad de erigirse como humano en un mundo cada vez más monstruoso y contrahecho. Ya sin Diógenes y sin linternas desplazándose buscando hombres entre esclavos. Es por esto que aquí no interesa adular ni reverenciar a las masas envilecidas. Y Si alguien puede hacer ese poema que aún no ha sido escrito, sus versos tendrán colores que relucirán en las noches más oscuras, para rescatarnos del horror, y construir así un horizonte, donde ahora no hay nada que mirar. Como en un cuadro barroco, en el que el éxtasis se presenta como una ascensión interminable hacia los cielos.

Y tal vez solo por ello resulta importante que la poesía, y no la posería, se encuentre con ese deleuziano punto de fuga, que, como un largo camino, se perfila hacia la sumatoria de actitudes, de voluntades y de fuerzas.

Sin importar si se juntan diez, cien, o mil poetas por el cambio, lo único importante es que se vayan sumando voces, hasta constituirse en un gran canon, que mariateguianamente nos haga cantar por el pan y la belleza, por la belleza y la libertad.

Así, la condición del poeta no es la condición del poeta, sobre todo si esta empieza con el mundo, y termina enclaustrada en el interior de sí misma. Sobre todo si aceptamos wittgensteinianamente que los límites de la lengua son los límites del mundo. Límites se presentan cada vez más descarnados en los “señores de la palabra”, que por lo general –oh el poeta- no son los señores de la acción. Encerrados en una burbuja o cápsula que los va justificando como pendejos que se sienten como iluminados, flotando sobre los demás, ensimismados en sus egos estúpidos de pobrecitos que solo quieren hacerse ver para sentir que finalmente existen.
Y es en ese punto en el que la poesía se encuentra más allá de la poesía, en el que los recitales no están solo en los recitales, sino lejos.

O quizá mejor, en ese fantasma que recorre el mundo y que por ahora nadie puede ver: en lo invisible, en lo desdeñado, en lo marginal, en lo que solo puede ser escuchado cuando suman sus pequeñas voces con otras igual de pequeñas, para agregarse así al canon continuo de los desposeídos. En un mundo en el que finalmente no haya ni amos ni esclavos, desligados de esa pulsión hedonista, en la que nos enfrentamos solo a los fantasmas de nuestros propios fracasos.

Por lo que, si “la poesía es un relámpago maravilloso” –como creía Javier Heraud-, tal vez debamos tratar de iluminar nuestro propio camino, e iluminar el de los nuestros frente a la extensión interminable de la noche de los 500 años, de los cientos de años de insatisfacción y carencias frente a los embates de la dominación, la desolación y el imperialismo.

Con todas las voces todas haciéndose una para repetir al unísono: “Y si te dicen que caí, sabrás que fue cierto”… para finalmente repetir, como decía Evita Perón o Túpac Katari, en esa invocación de corte casi demoniaco y terrible de mi nombre es legión: “volveré y seré millones”, diseminándonos en esa escala de rebeldía y revolución que empieza a resurgir en el mundo.

Y quizá sea solo en ese pequeño detalle, en el que reside el valor de los que se suman, de los que se unen apostando por el cambio…

Y no importa si son solo diez, o cien, o mil o un millón, o si caen y vuelen a levantarse en el intento, lo importante es que sean, que solo sean… y aunque muchos no hayan estado presentes como hace un año, así se irán sumando las voces en el mundo, hasta que -como pudo haber dicho el divino Choquehuanca, aunque no lo dijo de esta manera-, con el paso de los siglos crezca nuestra gloria, como crecen las sombras cuando el sol declina. Salud por los cien… por los mil poetas por el cambio.
Salud por los que estuvieron presentes nuevamente ese 25 y 26 de setiembre en Santa Anita, en el recital “Poesía y música para promover la paz, la sostenibilidad y el cambio social en el Mundo”, por los que murieron y siguen viviendo, y por los que siempre vienen y revendrán.

Lima, 24 de noviembre del 2015
Cien poetas por el Cambio y uno más

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